Por Loleta Linares

 

Los contratos simulados que enmascaran préstamos usurarios adoptan diversas formas, aprovechando la urgente necesidad de liquidez de las personas, especialmente aquellas en situaciones de vulnerabilidad económica que no tienen acceso a financiación tradicional a través de entidades bancarias. Estas prácticas, dirigidas a los sectores más desfavorecidos, se disfrazan de soluciones financieras inmediatas pero esconden condiciones leoninas que pueden llevar a los consumidores a una trampa de deuda de la que es difícil escapar. Veamos cómo se traduce esto en los siguientes ejemplos:

Préstamo por tu coche: En este supuesto, muchas personas caen en la trampa creyendo que están poniendo su coche como garantía de un préstamo, cuando en realidad, desde el momento de la firma, transfieren la propiedad del vehículo al prestamista. Lo que muchos consideran cuotas mensuales para amortizar el préstamo, en realidad solo son pagos por el alquiler del uso del coche. El esquema se complica aún más por el hecho de que, para recuperar la propiedad del vehículo, el consumidor debe desembolsar una suma mucho mayor a la prestada. La situación se vuelve dramática cuando, al fallar en el pago de una sola cuota, el prestamista procede a retirar el vehículo con grúa, utilizando localización GPS para encontrarlo, llegando incluso a denunciar al prestatario por apropiación indebida, en caso de no poder retirar el vehículo.

Dinero por tus joyas: En este caso, el contrato implica que, ante el incumplimiento del pago, el prestamista adquiere automáticamente la propiedad de las joyas entregadas como garantía ya que el contrato incluye cláusulas de «pacto comisorio», lo que significa que si el prestatario falla en el pago, perderá automáticamente sus joyas, independientemente del valor que estas tengan en relación con la cantidad del préstamo.

Dinero por la opción de compra de un inmueble: Aquí, el prestamista ofrece dinero a cambio de la opción de compra sobre un inmueble, presentándolo como una oportunidad para el propietario de solucionar rápidamente sus problemas financieros. Sin embargo, el contrato establece intereses y condiciones tan gravosas que, al no poder cumplir con ellos, el prestamista acaba adquiriendo la propiedad a un precio mucho menor al de mercado.

Así, estas prácticas vulneran principios básicos del derecho, como la prohibición del pacto comisorio establecida en el artículo 1859 del Código Civil, que dice: «El acreedor no puede apropiarse las cosas dadas en prenda o hipoteca, ni disponer de ellas».

Para concluir, los contratos simulados que ocultan préstamos usurarios representan un desafío significativo tanto para los consumidores como para el marco legal que los protege. Es vital que los afectados busquen asesoramiento y denuncien estas prácticas para evitar caer en trampas que pueden tener consecuencias devastadoras en su estabilidad económica y bienestar

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